Ayer jugaba mi equipo de hoquei en casa contra el C. P. Monjos pero yo no pude ir a verles porque estaba en Badalona acreditado para un concierto por una promotora que no suele dar demasiado pases a medios pequeños. Lo que veis aquí debajo es lo crónica de lo que estuve haciendo para Escena Rock:
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Que estamos en época de crisis es conocido por todos, y que en momentos como estos de lo que se suele prescindir es de lo que no es estrictamente necesario también es algo que se sabe. Quizá por ello las gradas del Palau Olímpic de Badalona no se llenaron como otras veces y el trabajo realizado por RockNRock no se vio compensado con un lleno como los que ha habido otras veces en el mismo lugar. Fue una auténtica pena que solo hubiera media entrada para ver uno de los carteles más atractivos dentro de la escena del progressive rock/metal actual que se encontraba enmarcado dentro de la gira que los norteamericanos Dream Theater están realizando para presentar su álbum “Black clouds and silver linings” y que han bautizado genéricamente como Progressive Nation 2009.

A las siete de la tarde los candienses Unexpect subieron al escenario y sorprendieron a todos los que no les conocían con su personal visión del estilo. Si quisiéramos definir a esta banda, habría que pensar en algo como que Cirque du Soleil hubiera atravesado el Cristal Oscuro para dedicarse a hacer black metal.
Se trata de una experiencia totalmente alucinante con siete músicos en escena que más que interpretar canciones las representan lo más teatralmente posible. La voces de Syriak (guitarra), Artagoth (guitarra) y Leïlindel viajan de los sonidos claros a los guturales indistintamente mientras la base rítmica que imponen Landryx (batería) y ChaotH (bajo de nueve cuerdas) es total y absolutamente demoledora y sostiene unos temas donde las letras hablan de la imaginación humana y de experiencia cercanas al trance, todo aderezado con los teclados y samplers de Exod, mientras el violín de Blaise Borboën-Léonard acaba añadiendo un toque medieval sin convertirse nunca en una tercera guitarra como pasa en otros grupos. Destacable especialmente el tema “Desert urbania” de su último trabajo “In a flesh aquarium” con el que cerraron su actuacíon.
Casi nadie les conocía y, quizá por ello, las caras de sorpresa eran mayoritarias mientras desgranaron su setlist durante los treinta minutos que actuaron. Sin duda alguna, se trató de la sorpresa agradable de la noche.

Tras los cambios de instrumentos pertinentes, empezó a sonar la “Imperial March” de Star Wars como solemne introducción a la actuación de Bigelf. Si metiéramos en una coctelera el sonido de Deep Purple, Black Sabbath, Rainbow, y King Crimson, y lo agitáramos para mezclarlo, el resultado obtenido sería lo que podemos escuchar en los temas de esta banda de Los Angeles.
Con una estética totalmente setentera, rescataron sonidos de aquella època por medio del mellotron y los teclados que Damon Fox domina a la perfección, mientras su voz nos hace viajar hasta los mejores tiempos de bandas míticas del hard rock puro. Aprovecharon para presentar su último trabajo “Cheat the gallows”, a un público que desde el primer tema, “The evils of Rock & Roll” se entregó a la guitarra de Ace Mark, y a los ritmos de Steve Frothingham a la batería, y Duffy Snowhill al bajo. Todo un espectáculo para los oídos más nostálgicos y un descubrimiento para los acostumbrados a los sonidos más modernos.
La anécdota (que ya deja de serlo para convertirse en costumbre durante toda la gira) se produjo en el momento en que Mike Portnoy subió al escenario para interpretar “Blackball” con la banda. El público se rindió al carismático batería mientras Bigelf demostraban que tienen una calidad que no es demasiado conocida en nuestro país. Quizá desde ahora la cosa cambie.

De nuevo tuvieron lugar los cambios, que hay que reconocer que se hicieron de forma más que rápida y eficaz, y el público se preparó para uno de los platos fuertes de la noche: la actuación de los suecos Opeth.
Los de Mikael Akerfeld salieron dispuestos a darse a conocer a aquellos pocos que no tenían aún idea de quien es esta banda sueca (“de Estocolmo” como remarcó el mismo vocalista y guitarra) y arrancaron con “Windowpane” que “no es nada representativa del estilo de la banda” ,según dijo Akerfeldt, porque ellos son “una banda de death metal satánico” como quedó “demostrado” com el siguiente tema, “The lotus eater” perteneciente a su útlimo trabajo, “Watershed”, que ya presentaron hace unos meses en Barcelona.
“Harlquin forest” fue el tercer tema que nos ofrecieron antes de revisar uno de sus clásicos que, desafortunadamente, no suelen tocar demasiado últimamete: “April ethereal”. Tras algún que otro comentario irónico y jocoso por parte de Akerfeldt, la precisión volvió a escena de la mano de “Deliverance”, otro de esos temazos que se han ganado la etiqueta de míticos en la carrera de los suecos, antes de terminar con “Hex omega”, la canción que cierra su útlimo álbum.
Ni que decirse tiene que la banda sonó a las mil maravillas y tanto Fredrik Akesson (guitarra), Martin Méndez (bajo), Per Wilberg (teclados), y Martin “Axe” Axenrot (batería), provocaron el delirio de los fans ubicados tanto sobre la pista, como sentados en las gradas del Palau Olímpic.

Llegados a este punto se produjeron los cambios definitivos en el escenario y aparecieron los aderezos que Dream Theater, las estrellas de la noche, iban a necesitar para hacernos disfrutar.
Sobre un escenario poco adornado esta vez (tan solo cuatro pantallas, un telón, algunas cortinillas y unas pocas luces en el suelo) si lo comparamos con la gira “Chaos in motion Tour” donde las hormigas estaban presentes casi por todas partes, los neoyorkinos iniciaron su actuación con el tema “A nightmare to remember” que abre su nuevo disco. Mucho virtuosismo desde el primer momento y apenas algún retoque sobre el sonido incial, lo que deja claro que los más mínimos detalles están controlados en cada actuación y nada suena fuera de sitio.
“A rite of passage”, el primer sencillo extraído del nuevo disco, fue el segundo tema que abordaron y ya entonces se vio que Jordan Rudess disponía de un nuevo juguete: una caricatura de sí mismo caracterizado como el Keyboard Wizard (que ya apareció en el videoclip de “The dark eternal night”) proyectada en una pantalla tras él, que tocaba el teclado a la vez que lo hacía el Rudess de carne y hueso, e incluso le respondía en algunos pasajes. Al terminar el tema, una breve introducción instrumental entre John Petrucci a la guitarra y Rudess nos encaminó hacia la deliciosa “Hollow years”, que fue seguida del tan inevitable como espectacular solo del teclista. “Prophets of war” fue rescatada su anterior trabajo y seguida por “Sacrificed sons”, un tema alusivo al 11-S incluído en otro de sus grandes álbumes (¿cuál no lo es?), “Octavarium”.
Dream Theater rompieron moldes en el año 1999 con “Scenes from a memory” y desde ese álbum nos ofrecieron la genial pieza instrumental “The dance of eternity” para lucimiento de cada uno de los componentes. Pero cuando algunos de los presentes disfrutamos especialmente fue al escuchar “In the name of God”, un tema que no tocaban en directo desde la gira del “Train of thought”. Y aquí se acabó el concierto, quedaba un único tema, aunque de veinte minutos de duración: “The Count of Tuscany”, una historia personal vivida por el guitarrista (según dicen) que se encarga de cerrar el nuevo disco y también todos y cada uno de los conciertos de esta gira. Y tras dos horas, ovación con el público en pie y hasta la próxima ocasión. Son muy grandes.
En cuanto a los músicos, además de lo dicho ya más arriba, destacar ese trabajo que poco se ve pero que resulta imprescindible por parte de John Myung al bajo, y la voz de James LaBrie que esta vez ejerció mucho más de maestro de ceremonias que otras veces sin dejar de demostrar que tiene el puesto bien asegurado dentro de la banda. No, no me olvido de Mike Portnoy a la batería, pero es que a este tipo hay que darle de comer aparte porque es capaz de tocar media canción en pie o de jugar con las cámaras mientras va tocando, o de jugar con el técnico de escenario a tirarse las baquetas de un extremoa otro, o dirigir al público con una mano y tocar solamente con la otra, y todo ello sin perder un solo momento la precisión de sus movimientos.
Por lo que respecta al sonido, todo fue perfecto excepto por un par de momentos en que Petrucci estuvo regulando su pedalera arrodillado pero sin dejar de tocar ni una sola nota. Todos los grupos sonaron a la perfección al contrario de otras giras en las que los teloneros han padecido deficiencias en el sonido al no usar todo el equipo de amplificación.
Fue una gran noche, un gran festival con cuatro formaciones que muestran cuatro estilos diferentes unidos por un hilo común: la calidad de su música.
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Por cierto, durante el concierto fui recibiendo los emails que Yosi iba enviado por lo que en todo momento supe del buen hacer de los míos y de su victoria final por 5 goles a 1. Tres puntos más y a seguir adelante.
El próximo partido espero no perdérmelo.