Aunque esta entrada se escriba al final del segundo día de curso, lo que aquí se cuenta se puede aplicar tanto al 15 como al 16 de septiembre.
Nos levantamos pronto (a las 7 de la mañana) para acabar de dejar listos los últimos preparativos y sobre las 8 despertamos a Daniel. Vestirle fue un pispás, rápido, porque al Peque le gusta su uniforme (polo azul… ¿real?, pantalón ¿gris?, calcetines a juego con el pantalón y zapatos negros)* y estaba encantado con ponérselo y colgarse a la espalda su nueva mochila de Mickey Mouse.
Salimos de casa tras un pequeño desayuno y nos dirigimos a la aventura de intentar aparcar el coche lo más cerca posible de la entrada del colegio. No nos fue mal, aunque luego hemos visto que allí mejor no aparcar para no entorpecer la circulación de los autocares (no, nosotros no la entorpecimos, pero estábamos delante del coche que lo hacía).
Daniel subió contento hacia la escuela, charlando y parloteando entre risas y tirones para que nos apresuráramos. Llegamos a la puerta de su clase y Mónica (su tutora) estaba allí muy atareada:
- Evitando que un tal Buly (el negrito de la clase y con varios hermanos/as en el colegio) consiguiera escapar de la clase gritando y berreando mientras lágrimas y mocos se mezclaban por sus mejillas.
- Dar la bienvenida y ubicar a los que recién llegados a la clase (entre ellos Daniel).
- Evitar que el resto de los niños presentes empezaran a llorar echando de menos a sus padres.
- Sonreir incesantemente para evitar que se notara que estaba hasta el gorro del niño negro, los padres que se quedaban en la puerta saludando a sus pequeños y llorones vástagos, los niños que lloraban desconsoladamente al grito de “¡maaaaaaaamaaaaaaa!”
Desde la entrada, Daniel localizó a Alan que parecía de lo más tranquilo (hoy hemos sabido que lloró lo suyo) sentado junto a una pequeña niña rubia (seguro que con los años se convertirá en una Lolita de lo más pijo) con su bocadillo sobre la mesa. Sin dudarlo, nos dijo “¡Mira! ¡Allà! ¡És Alan!” y se abrió paso casi sin despedirse de nosotros hasta la mesa donde estaba su compañero de guardería. Una vez allí, sin diplomacia ninguna (como no cambie no se va a comer un torrao) le quitó la silla a la rubita y se apalancó junto a su colega. Esto, evidentemente, provocó que la nena se pusiera a llorar (una voz más para el coro de angelitos) mientras la futura estrella del hockey sobre patines no se inmutaba.
La verdad es que nos fuimos de allí tranquilos, nuestro pequeño había superado la primera prueba y lo había hecho con nota.
Cuando fui a recogerle salió también contento, explicándome que habían hecho música y les habían explicado un cuento sobre un pato (su clase es la de “Els ànecs”) y feliz como una lombriz se subió al coche sin dejar de parlotear. De allí a casa a cambiarle de ropa y a prepararle para ir a la Escola d’Hoquei donde volvió a sorprenderme al ver que no había perdido ni un ápice de habilidad durante el parón estival. Bueno, a mí y a todos los monitores que le miraban con cara de “hemos hecho un buen trabajo”.
Acabó tan cansado que cuando fuimos a buscar a Yosi a las 19:30 se quedó frito en el coche… hasta esta mañana (con una interrupción de 10 minutos sobre las 23h que fue solventada con el ya mítico “vaso nocturno de leche con nesquik”).
En fin, una experiencia genial y nada traumática. Seguramente ayudó que Daniel ya había estado por el colegio antes, que conocía a Alan, y que no nos quedamos en la puerta mirando como imbéciles a nuestro hijo por si se ponía a llorar (¿y si lo hacía qué? ¡No nos iban a dejar entrar a consolarle!)
Por cierto, Mónica me dijo que había tenido que separar a Daniel y Alan “por el bien y la integridad de la clase”, así que me imagino que la armaron gorda.
No cuelgo fotos porque no me parece serio. Si alguno de vosotros quiere ver a Daniel vestido con el uniforme solo tiene que pedirlo. Se supone que si leéis esto es porque sabéis mi dirección de correo, así que tampoco la pondré aquí.
* Tal vez alguno de los lectores fans sepa definir el color real de las prendas de ropa. Alguien con conocimientos en catálogos y muestrarios de zapatos y ropa en general.