A veces me apetece castigarme y decido hacer cosas que normalmente no haría. Una de las más sonadas fue “aprovechar el tiempo” y, mientras Yosi trabajaba en su turno en la pizzería, ir a ver The Blair Witch Project al cine. Como era de esperar me quería ir a los veinte minutos, pero no tenía nada mejor que hacer hasta una hora después y me quedé en el cine hasta el final.
Harto de escuchar alabanzas sobre una novela que no he leído pero sí criticado (no la novela en sí, sino todo el movimiento comercial/social que la ha rodeado), y cansado de ver a las jovencitas (supongo que algún jovencito también se habrá sentido atraído) pegadas a las pantallas planas del Alcampo del Mataró Park viendo el DVD de “Crepúsculo”, hoy le he propuesto a mi sufrida esposa visionar la adaptación de la novela homónima de Stephenie Meyer. Es lo que tiene disponer de televisión por cable, cuando no dan nada que te guste en ningún canal puedes ver alguna película por un módico precio (3€ en este caso) y pasar el rato.
Una vez hecho el disparate antes comentado, debo decír que suscribo totalmente las palabras de Ángel Martín cuando en el programa “Sé lo que hicísteis…” de La Sexta dijo que “todo el equipo se ha puesto de acuerdo para hacer una gran mierda”. Yo quizá no sería tan brusco, pero sí que puedo decir que no entiendo la razón de tanto fan.
Como historia de vampiros me parece MUY floja. El argumento se aguanta con pinzas basándose única y exclusivamente en la relación entre una tipa con cara de niñata prepotente que resulta ser la prota y un tipo maquillado como si perteneciera a la corte de Luis XIV, aquella época en la que la gente se empolvaba la cara de blanco mientras el cuello les quedaba con la tonalidad natural de su piel. Es decir, un maquillaje patético al que se une una tremendamente increible factura de efectos especiales donde destacan las carreras que se pegan por el campo los protagonistas así como la lucha con el vampiro malo de turno. Sencillamente dignas de Dragon Ball.
Otro punto a tener en cuenta es que no soporto la imagen del vampiro apesadumbrado. Este Edward Cullen parece tener un pesar constante porque se enamora de sopetón en plan flechazo irremediable de la tal Bella y teme no poder controlar el impulso de morderla y beber su sangre (de lo más normal en los vampiros, vamos). Ya no aguantaba cuando David Boreanaz ponía aquellas caras insufribles para representar el pesar que sentía Angel (el vampiro con alma) por no poder follarse a Buffy (interpretada por Sarah Michelle Gellar) ya que si lo hacía liberaba lo peor de sí, su parte mala. Era una de las cosas graciosas de Buffy, la cazavampiros, una serie con la que me divertí muchísimo en su momento.
Por lo demás, localizaciones muy verdes y bonitas, pero con lo único que me quedo es con la escena del partido de baseball
y los que me conocéis seguro que habéis dado con la clave: suena “Supermassive blackhole” de Muse.
Aquí los vampiros no tienen colmillos y los mordiscos son como los de los peques: con todos los dientes, con lo que dejan la huella dental allí donde dan el bocado. Además, el vampirismo “se contagia” con una especie de veneno que queda inyectado en el riego sanguíneo y acaba por convertir a la víctima. ¿Original? No, algo parecido ya se vio en Blade. También diferencian entre los buenos y los malos por lo que comen, los segundos beben de humanos y los primeros se declaran “vegetarianos” por alimentarse de animales (¡que intenten alimentarse chupando tallos de geranio!) aunque dicen que “es como alimentarse de tofu, te sacia pero no te llena”. Y para guinda del pastel, al sol los vampiros brillan como si tuvieran “la piel hecha de diamantes”. ¡Un vampiro al sol se tiene que quemar, coño!
Hay más cosas, pero este post ya está quedando muy largo. Puede que me martirice otra vez y vea la segunda parte para ver si mejora pues parece ser que los directores van a ser diferentes en cada película. Solo espero que a la autora le de por cortar la serie porque parece que va a publicar un quinto libro…
…por ahora el “Twilight” que me gusta es este.