A veces ocurren cosas que comprendes, cosas que te sorprenden por la sencillez con la que suceden pero que te dejan con una sonrisa dibujada durante un buen rato.
El lunes por la tarde, como todas las tardes, estuve un rato en el gimnasio dando el callo para ponerme en forma y perder la apariencia de barril que estaba tomando. Allí tienen un par de pantallas planas de televisión conectadas a 105 TV, una emisora de vídeos musicales al estilo radiofórmula pero con una planificación horrible que provoca que en dos días diferentes puedas ver los mismos clips a la misma hora. El caso es que yo estaba por allí con mi iPod conectado porque no soporto la gran mayoría de la música que programa la emisora y justo cuando acabó el tema que sonaba en mis auriculares escuché un riff de guitarra que provenía de la televisión. Aquel inicio me devolvió muchos años atrás, hasta 1989 cuando con 17 años descubrí a una de las grandes bandas de rock de la historia: Guns N’ Roses.
Evidentemente, la canción que estaba sonando era:
Inmediatamente detuve la reproducción en el iPod y me dispuse a disfrutar de la voz de Axl Rose, los ritmos de Steven Adler y Duff McKagan, y las guitarras de Izzy Stradlin y Slash, sin dejar de trabajar en las máquinas de tortura muscular.
Lo que realmente me sorprendió y me dio la idea para esta entrada, fue ver que la gran mayoría de la gente que estaba en la sala en aquel momento, muchos de ellos con edad inferior a los 30, levantaban la vista hacia los dos monitores la mantenían allí durante toda la canción. Tal es el poder de algunas canciones que pueden conseguir atraer la atención de muchas personas incluyendo a algunas que no son seguidoras ni de la banda ni del estilo al que pertenecen.
Muchos de los de allí son carne de discoteca, hombretones de camiseta ajustada para marcar el trabajo hecho con las pesas durante la semana y mujeres de cuerpo esbelto (o no tanto, porque las hay realmente culonas) que se sienten sexualmente atractivas para los tipos antes mencionados, gente más habituada a los ritmos afroamericanos del Rihanna y Beyoncé o a las copias en blanco hechas por las Spears, Aguilera, etc… Seres ávidos de fiesta nocturna entre sonidos digitalizados y repetitivos apoyados en bases rítmicas programadas por ordenador, e incluso amantes del hip-hop (hasta del interpretado en en inglés) o del reguetón.
Prácticamente todos siguieron las imágenes de la pantalla con atención y a mí me hizo cierta gracia ver como una banda totalmente desmembrada desde hace años por culpa de las rencillas personales entre algunos de sus miembros tiene el poder de congregar a un público dispar aunque sea solamente durante la duración de “Sweet child o’ mine”. Esto es lo que yo llamo un tema clásico.
Abriré Escena Rock esta semana con él.
* Según la definición, un poltergeist es un supuesto fenómeno parapsicológico consistente por lo general en ruidos o movimiento de objetos, atribuidos a espíritus, entidades malignas u otras causas no científicas.



A principios de este año expuse aquí mi idea de montar un circuito de slot con las pistas de Scalextric que tengo y unas cuantas más que adquirí entre material nuevo y usado. Quería que este año no terminara sin tener esa atracción lista y lo he conseguido.
Como se puede comprobar, el resultado final es más que aceptable y a los que nos gusta esto nos sube la adrenalina con tan solo la visión de una pista lista para ser recorrida de cabo a rabo a toda velocidad con el dedo en el gatillo del mando.