Hace ya unos meses que en Caixa Laietana no pintan bien las cosas para los informáticos. Al principio todo apuntaba a que íbamos a ser una especie de retén de desarrollo y mantenimiento de programas, pero poco después se vio que eso no era más que el deseo de nuestro jefe y que lo que realmente nos depara el futuro es algo muy diferente.

Ser informático en una entidad pequeña como donde trabajo se convierte en algo prescindible cuando un mastodonte te engulle. En nuestro caso ha sido así al realizarse el SIP con Caja Madrid, Bancaja, La Caja de Canarias, Caja de Ávila, Caja Segovia, y Caja Rioja. Un SIP que primero decían iba a ser una “fusión fría”, pero que ha acabado convirtiéndose en una integración a todas luces, y que ha dejado desamparados a los empleados de las cajas mientras sus directivos se iban bajando del tren con los bolsillos rebosantes de billetes.

Yo no tengo idea de economía (ni macro ni micro) y lo único que tengo claro es que en casa hay que pagar deudas, comer, y vestirnos, y mi sueldo no puede faltar, así que cuando me propusieron las tres opciones posibles para cuando llegara le integración total en Bankia, las sopesé una a una:

Opción 1: Traslado a Madrid

Inmediatamente descarté esta opción. Ni mi mujer no yo queremos trasladarnos y dejar a los nuestros aquí, cambiar de casa y buscar una nueva vivienda, escolarizar a nuestro hijo en otra ciudad, y buscar trabajo para ella. Y mucho menos irme yo solo y volver los fines de semana. Para alguien sin ataduras no es una mala opción, pero para mi no es compensación suficiente que me den 22.000€ por traslado y 600€ al mes durante dos años como ayuda a la búsqueda de vivienda. El terremoto que provocaría sería demasiado fuerte, incluso para mí.

Opción 2: Traslado a una oficina de la red

Esta era la opción preferente. Mantener el sueldo y el puesto de trabajo es importante dada la situación actual, pero me puse a pensar en qué consistía realmente el trabajo en la red de oficinas, y decidí que no me veía veintimuchos años tratando de vender productos a la gente, y dependiendo de directores y jefes de zona que, hasta donde yo sé, se comportan como unos auténticos buitres tratando de que se cumplan los objetivos que les han marcado.

Opción 3: Baja incentivada

Estuve haciendo números y reconozco que es muy goloso llevarte casi 100.000€ y dos años de paro. Además, siempre había quien decía “en dos años algo encontrarás”. Pero la incertidumbre del mercado laboral actual, además de la certeza de no volver a conseguir las condiciones ni económicas ni de horario que ahora tengo me volvían cobarde. ¿Y si pasados los dos años no encontraba nada? ¿Y si se iba agotando el colchón que podía tener? Irme implicaba perder todos los beneficios de ser empleado en cuanto a préstamos (personales e hipotecarios), comisiones, etc… Los gastos aumentarían, y los ingresos no serían tampoco los mismos.

En esa encrucijada estaba cuando vimos que Daniel necesitaba este año un nuevo par de patines. Los que tiene son del año pasado, y se los compramos grandes en previsión de que el pie le iba a crecer, pero nuestro hijo ha sobrepasado cualquier previsión posible y ha ganado dos números de pie en un solo año. Un festival del crecimiento que nos llevaba a tener que comprar botas y patines de nuevo, en lugar de cambiar únicamente las botas.

Fuimos, como hacemos habitualmente, a Esports Egem. Se trata de una tienda especializada en patinaje artístico y hoquei patins que está situada en Maçanet de la Selva, una población con la que tengo lazos personales desde pequeño. Allí, Miquel nos aconsejó sobre el material a escoger y nos comentó que quería traspasar la tienda porque el próximo verano le llega la edad de jubilación. Al parecer tenía ya dos personas interesadas en adquirir el negocio, así que las cosas le pintaban bien. “Busco algú que no conegui aquest món per enseñar-li tot el que jo se”* nos comentó, y tras comprar un estic para Daniel y charlar un rato sobre el tema (ir allí es ir a pasar la tarde) nos fuimos a casa dándole vueltas a la idea, Yosi y yo, de que “sería bonito poder quedarse la tienda y trabajar en ella”.

Aquella idea me siguió machacando durante la semana siguiente, y le di muchas vueltas, y la hablé mucho sobre el tema con mi mujer. Al llegar el domingo le llamé y le dije que lo habíamos pensado y que si le fallaban las otras opciones, me tuviera en cuenta como posible comprador de la tienda pero que yo no podría hacerme cargo de ella hasta que pudiera marcharme de Laietana, y eso sería en verano de 2012 como muy pronto. Todo quedó en eso, pero ya había dado un paso adelante.

El siguiente sábado fuimos a comprar unas rodilleras para Daniel y le pregunté a Miquel como iba el tema del traspaso. Me explicó que le había sorprendido mi llamada del domingo anterior, así que le confirmé que contara conmigo si los demás fallaban. La cara de Miquel cambió, no sabría decir si por sorpresa o preocupación, pero su expresión se volvió diferente al decirle eso. Me miró, se puso serio, y agitando su dedo índice derecho, me soltó “Saps què et dic? Que no ho descartis”**. Era el día 22 de octubre, y me dijo que al día siguiente me llamaría y me confirmaría algo porque tenía que hablar con uno de los candidatos que, al parecer, retiraría su oferta y si lo hacía quería que fuera yo quien me quedara el negocio.

El domingo 23 de octubre era el día que habíamos escogido mi hijo y yo para acudir a “La Festa dels Súpers”. Iba acojonado porque todo el mundo que conozco me había dicho que era un evento masificado donde acababan por agobiarse hasta los niños. Además aquel día la climatología no parecía que fuera a ser la mejor porque anunciaban lluvia a partir de mediodía. Antes de salir de Mataró le pregunté a Daniel si estaba seguro de querer ir. Me dijo que sí, que quería ver como se cazaba a los “fantasmes Pla” y cantar “Uh! Oh! No tinc por!”***, así que, sin escapatoria posible, subimos al coche y nos pusimos en marcha.

Al incorporarme a la Ronda Litoral, a la entrada de Barcelona, sonó el móvil. Descolgué y por el altavoz de la radio escuché la voz de Miquel. La conversación fue corta, y solamente me quedé con una afirmación: “Xavier, si encara hi estàs interessat, la botiga és per tu”****. Una oleada de ilusión y miedo a partes iguales me invadió, pero decidí olvidarme de ello hasta que volviéramos a casa y estuviera en territorio seguro con los míos.

Continuará…

*Busco alguien que no conozca este mundo para enseñarle todo lo que sé.
**¿Sabes qué te digo? Que no lo descartes.
***¡Uh! ¡Oh! ¡No tengo miedo!
**** Xavier, si aún estás interesado, la tienda es para tí.

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