La sensación que me generó el hecho de saber que podía tener un futuro fuera de la banca fue de tranquilidad. Durante varios (muchos, quizá demasiados) meses estuve dando vueltas a lo que debía hacer, y tener esa puerta abierta me relajó en el aspecto mental.
Todavía faltaban cosas por atar, así que no podía decir nada en el trabajo por si acababa por no salir bien. Lo primero que había que hacer era dejar claro que yo no podría incorporarme a la tienda hasta que me dejaran marcharme de mi trabajo, lo que no ocurriría hasta que se realizara la integración completa. Eso era una condición sine qua non para poder trabajar, y Miquel debía aceptarla antes que nada. Si no fuera así, tendría que dar un paso atrás y volver a replantearlo todo.
Veía venir que aquella semana iba a ser decisiva en todo el asunto, así que me preparé anímicamente para lo mejor y lo peor.
El martes siguiente subimos de nuevo a Maçanet para aclarar cosas. Miquel me explicó que tenía que deshacerse de un último candidato al que le había dado largas al decidirse por mi. Yo le expliqué la situación en la que me encontraba respecto a la fecha de salida de mi trabajo y no hubo ninguna pega, al contrario. Firmaríamos un precontrato por el que él se comprometía a traspasarme el negocio y yo me comprometía a comprárselo, en un plazo concreto de tiempo que decidiríamos de común acuerdo, pero que sería suficiente para poder llegar hasta el final de la integración sin problemas. Acordamos un pago inicial correspondiente al 10% del total del traspaso, y nos citamos para cuando dispusiera del capital. Al día siguiente empecé a mover mis cartas para poder obtener el importe que me pedía.
Ese mismo miércoles empezaron a sonar cosas en mi trabajo, comentarios que me llevaron a pensar que lo mejor sería no esperar demasiado para comentar mi decisión con mi jefe. Fui a su despacho y le expliqué que había decidido a acogerme a la baja incentivada. Se sorprendió, no era para menos. A menos de ocho meses para la integración uno de los miembros del equipo que tendrá que realizarla le decía que se quería ir. “Yo quisiera que te quedaras hasta el final” me dijo mi jefe, “pero es tu futuro, y si nos mandan que te marches antes tendremos que jodernos y trabajar con uno menos”. Se alegró por mi y me dijo que cuando tuviera cerrado el asunto hablaríamos con personal para comunicar mi decisión. Dos de dos, las cosas no iban mal.
Por la tarde me llamó Miquel para decirme que había subido el precio del traspaso para que el otro candidato se desanimara pero, para su sorpresa, el tipo lo había aceptado. Le dije que, ahora que aún no estaba metido en nada y podía dar marcha atrás, si prefería ganar más dinero vendiendo el negocio al otro comprador yo lo entendería. Me jodería mucho, pero tendría que entender que una cifra superior por el traspaso pudiera dejarme sin el futuro que había empezado a imaginar. “Mira Xavier, “ me dijo con voz solemne “ en aquest negoci no tot són diners,. Jo valoro molt les persones. A més, tu i jo ens hem donat la mà, i per mi això val més que qualsevol paper. Estigues tranquil.”* Sus palabras me quitaron el nerviosismo que se había empezado a generar en mi con su llamada. Saber que renunciaba a más dinero porque yo le inspiraba más confianza (como me aclaró después) era algo que he aprendido a apreciar desde aquel momento y que me ha ido demostrando cada vez que nos hemos visto después.
Una vez dispuse del dinero le llamé y quedamos para ir a ver a su abogado y gestor al siguiente lunes (día de descanso semanal de la tienda). Subimos a Girona el lunes siguiente y pusimos por escrito las condiciones de las que habíamos hablado ya. Cuando volvíamos, volvió a repetirme algo que ya me había dicho alguna otra vez: “Em quedaré amb tu ajudant-te tot el temps que faci falta, per ensenyar-te tot el que has de saber, fins que quedi clar que pots caminar sol. Si no ho fem així, correràs el risc d’enfonsar-te en dos anys com li ha passat a alguns”.** Y me explicó el caso de un par de tiendas que habían tratado de abrirse camino en el mundo del patinaje sin conocer demasiado el negocio, y que habían cerrado ya. Esto a muchos les podrá parecer una manera de seguir al mando del negocio una vez lo haya traspasado, pero no es realmente así. Se podría decir que él es el Maestro Jedi y yo su Padawan, él me enseñará todo lo que debo saber y luego me dejará para que siga mi propio camino.
Al día siguiente le dije a mi jefe que ya estaba hecho. No puedo decir que se alegrara, pero sí que me dijo que el siguiente paso era hablar con RRHH y notificar por escrito mi decisión. Así lo hice, haciendo constar que no tenía inconveniente en esperar hasta el final de la integración, y él remarcó que soy necesario hasta ese momento. La respuesta de Madrid de fue que justificaran funcionalmente por qué soy tan necesario. El asunto está en sus manos, yo no tengo nada que hacer mas que esperar a que me marquen la fecha de salida.
Notificarle a la familia que iba a dejar mi empleo para irme “a montar patines” fue otra aventura. Tras la ilusión y alegría inicial, vinieron los comentarios: que si no te vayan a engañar, que asegúrate de que no tiene deudas, que si ahora está chungo lo de ser autónomo… Comentarios que luego he escuchado por parte de otras personas que únicamente ven pegas a lo que pueda ocurrir.
Continuará…
*”Mira Xavier, en este negocio no todo es dinero. Yo valoro mucho a las personas. Además, tu y yo nos hemos dado la mano, y para mí eso vale más que cualquier papel. Puedes estar tranquilo.”
**”Me quedaré contigo ayudándote todo el tiempo que haga falta, para enseñarte todo lo que tienes que saber, hasta que quede claro que puedes caminar solo. Si no lo hacemos así, correrás el riesgo de hundirte en dos años, como les ha pasado a algunos.”
cesar said:
si tienes un sueño una meta lucha por el
Oscar Gómez said:
Aunque como hijo de autónomo, yo sé lo que es estar “montando patines”. En mi caso, levantándome todos los días (domingo incluido) a vender periódicos.
Sé que es duro, sacrificado, jodido y arriesgado. También sé que si lo coges con ilusión y pones horas, no defrauda.
Y por lo que te conozco, esto tira adelante. Para cualquier cosa, ya sabes dónde estoy.